Elementos finitosFinite elementsAgosto 2026August 202610 min de lectura10 min read
Estados de tensión especiales: cuándo (y cómo) reducir un problema 3D a 2D.Special stress states: when (and how) to reduce a 3D problem to 2D.
Tensión plana, deformación plana y axisimetría: los tres estados que permiten resolver en un único plano lo que la geometría ya había resuelto en volumen, sin que el resultado pierda una pizca de física.
Plane stress, plane strain and axisymmetry: the three states that let you solve on a single plane what the geometry had already solved in volume, without the result losing an ounce of physics.
CE
Cristian EstévezIngeniero mecánico · 1 de agosto de 2026Mechanical Engineer · August 1, 2026
El artículo anterior desglosó los tres pilares que sostienen cualquier análisis elástico lineal: equilibrio, cinemática y ley constitutiva. Los tres se cumplen exactamente igual en un sólido tridimensional que en una lámina plana —la física no distingue entre ambos—. Lo que cambia, y mucho, es el coste de resolverla. En simulación de ingeniería existe la tentación de modelar todo en 3D «porque la realidad es 3D»: es un error común, y caro. Un sólido completo cuando no hace falta no solo dispara el tiempo de cálculo —también multiplica la probabilidad de errores numéricos y de mallado que un modelo más simple nunca habría dejado pasar. Herramientas como Creo Simulate o Creo Ansys Simulation incorporan tres estados de tensión especiales —tensión plana, deformación plana y axisimetría— que permiten aprovechar la simetría y la proporción geométrica de la pieza para resolver en una superficie lo que, de otro modo, exigiría un volumen completo.
Tensión plana: la delgadez como hipótesis
El estado de tensión plana se aplica cuando una de las tres dimensiones —el espesor— es significativamente menor que las otras dos, y las cargas actúan exclusivamente en el plano principal de la pieza. Bajo esa hipótesis, las tensiones normales y tangenciales en la dirección del espesor se asumen nulas en todo el dominio:
σz = τxz = τyz = 0
Fig. 1 — Tensión plana: el espesor h es despreciable frente a las dimensiones del plano, y toda la carga actúa dentro de él. σz, τxz y τyz se anulan en todo el dominio, pero εz —el efecto Poisson en el espesor— no lo hace.
Hay una trampa conceptual frecuente en este punto: como no hay tensión en z, es tentador asumir que tampoco hay deformación en z. Es falso. Por efecto Poisson, el material se contrae o se expande en el espesor aunque σz sea cero —la deformación εz existe, es distinta de cero, y depende directamente de las tensiones en el plano. Lo que desaparece del sistema es una tensión, no un movimiento.
Es el estado natural de chapas metálicas delgadas, paneles de cobertura, engranajes cilíndricos de poco espesor o piezas tan cotidianas como una llave fija, siempre que la carga se mantenga dentro de su propio plano y no haya gradientes de tensión apreciables a través del espesor.
En Creo, configurar un modelo como «2D Plane Stress» no es solo una etiqueta: el solver reparte las cargas por unidad de área o de volumen de forma que reproduzcan, en una superficie bidimensional, el mismo comportamiento que tendría la lámina real en su espesor completo —y, al eliminar del sistema las filas y columnas de la matriz constitutiva [D] ligadas a z, el tamaño del problema se reduce en la misma proporción.
Deformación plana: el dominio de lo masivo
La deformación plana resuelve el problema opuesto: cuerpos extremadamente largos en una dirección, con sección transversal constante y una carga que no varía a lo largo de esa longitud. Aquí lo que se anula no es una tensión, sino un movimiento —se asume que el material está tan confinado por la masa adyacente que la deformación en la dirección longitudinal es cero:
εz = γxz = γyz = 0
Fig. 2 — Deformación plana: una rodaja central representa el comportamiento de todo el cuerpo, porque las secciones adyacentes impiden cualquier deformación en la dirección longitudinal z. A cambio, aparece una tensión σz distinta de cero.
Y aquí aparece el espejo exacto de la trampa anterior: a diferencia de la tensión plana, en deformación plana sí existe una tensión normal σz distinta de cero. El material «quiere» deformarse longitudinalmente por efecto Poisson, pero al estar impedido de hacerlo por el material que lo rodea en esa dirección, esa tendencia se convierte en tensión interna en lugar de en desplazamiento. Cada estado anula una magnitud y libera la otra —nunca las dos a la vez.
Es la simplificación natural en presas de hormigón, túneles, muros de contención, rodillos de laminación o cilindros de pared gruesa como el cuerpo de un actuador hidráulico masivo. Modelar un metro de un túnel de diez kilómetros basta para entender el comportamiento estructural de toda la infraestructura —las secciones a ambos lados actúan como restricción, no como parte del modelo.
Un matiz que conviene no perder de vista: en un modelo de deformación plana, una carga aplicada sobre una curva o una arista del corte 2D representa físicamente una carga de área en la superficie real que esa curva simboliza. Confundir esa equivalencia —tratar una carga lineal como si fuera puntual, o al revés— es la forma más habitual de introducir un error de un orden de magnitud sin que el software avise.
Axisimetría: la potencia de la simetría radial
La axisimetría es, de las tres, la simplificación más elegante porque no exige que la pieza sea delgada ni que sea larga: exige que gire. Se aplica a cualquier cuerpo generado por la revolución de una sección plana alrededor de un eje central, siempre que la geometría, las cargas y las restricciones sean simétricas respecto a ese eje.
El software cambia de sistema de referencia: en lugar de (x, y, z) trabaja en coordenadas cilíndricas (r, θ, z). La simetría hace que el desplazamiento tangencial sea nulo —v = 0— y que nada, ni geometría ni carga ni resultado, dependa del ángulo θ. Eso es lo que permite resolver el problema en un único plano radial-axial en vez de en un volumen completo.
Fig. 3 — Axisimetría: basta con definir la sección 2D a un lado del eje de revolución (Y). El software reconstruye el sólido barriendo esa cara 360°; en coordenadas cilíndricas (r, θ, z), el desplazamiento tangencial v es siempre cero.
La ventaja computacional no es marginal: transforma un problema volumétrico masivo en un análisis de área sobre el plano r-z. Eso permite usar mallas extremadamente finas en regiones críticas —el fondo de un hilo de rosca, un radio de acuerdo— que serían inviables de procesar con esa misma densidad en un modelo 3D completo.
Encaja en piezas muy distintas entre sí: recipientes a presión —depósitos cilíndricos con tapas hemisféricas, tanques esféricos—, rotores, ejes de turbina, volantes de inercia, casquillos, y conexiones atornilladas cuando se ignora el ángulo de hélice del roscado.
En Creo, un modelo axisimétrico reduce el volumen completo a una única cara plana situada en el plano XY, con el eje Y como eje de simetría. El software reconstruye mentalmente el sólido barriendo esa cara 360° alrededor del eje —sin necesidad de mallar ni un solo elemento fuera de ese plano.
Un modelo 2D bien planteado suele ser más preciso que un modelo 3D con una malla pobre.
Cómo elegir entre los tres
La decisión no depende de preferencia, sino de tres preguntas sobre la geometría y la trayectoria de carga de la pieza:
Tensión plana. ¿El espesor es mucho menor que las otras dos dimensiones, y toda la carga actúa dentro de ese plano? La variable clave es el espesor, tratado como un simple parámetro.
Deformación plana. ¿La longitud es mucho mayor que la sección transversal, con cargas perpendiculares al eje largo y constantes a lo largo de él? La variable clave es un espesor unitario de la rodaja que representa a toda la pieza.
Axisimetría. ¿La pieza es un sólido de revolución, con geometría, cargas y restricciones simétricas respecto a un eje? Las variables clave pasan a ser el radio y el ángulo, no las tres coordenadas cartesianas.
El abuso de estas simplificaciones es una fuente habitual de error. El caso más frecuente: modelar una placa delgada como tensión plana cuando las cargas reales la hacen flectar fuera de su plano. En ese escenario la hipótesis no aplica —hace falta un elemento lámina (shell), que sí captura flexión y cortante transversal, no una simplificación pensada para cargas puramente membranales.
Por qué (y cuándo) merece la pena reducir de 3D a 2D
Menos memoria, menos tiempo de cálculo. Un modelo 2D requiere una fracción de la RAM y del tiempo de CPU de su equivalente 3D —margen que se puede reinvertir en estudios de optimización o de sensibilidad mucho más ambiciosos.
Mallas más finas donde importan. Con muchos menos elementos en total, se puede permitir una densidad de malla mucho mayor en los concentradores de tensión o en los radios de acuerdo, sin que el tiempo de cálculo se dispare.
Menos superficie para el error. Menos grados de libertad, menos condiciones de contorno que definir, menos oportunidades de introducir un error de mallado o de carga que pase desapercibido.
Lo que no cambia con más potencia de cálculo
En un futuro con capacidad de cómputo prácticamente ilimitada gracias a la nube, la pregunta razonable no es si la simplificación a 2D seguirá siendo posible, sino si seguirá siendo necesaria. Y conviene ser precisos: el límite nunca fue solo la potencia de cálculo. Un modelo 3D completo sigue exigiendo más tiempo de ingeniero para prepararlo, mallarlo, depurarlo e interpretarlo, y produce órdenes de magnitud más resultados que revisar. Reducir un problema de 3D a 2D no es aproximar la física: es reconocer la que la geometría ya te estaba regalando, y dejar que el software deje de ignorarla. Mientras el tiempo del ingeniero siga siendo el recurso más caro del proceso —más que cualquier núcleo de CPU en la nube—, identificar la física dominante y elegir el estado de tensión que mejor la represente seguirá siendo parte del criterio, no solo del cálculo.
FIN
The previous article broke down the three pillars behind every linear elastic analysis: equilibrium, kinematics and the constitutive law. All three hold exactly the same way in a full 3D solid as in a flat sheet —the physics doesn't care. What changes, a lot, is the cost of solving it. In simulation engineering there's a persistent temptation to model everything in 3D "because reality is 3D": it's a common mistake, and an expensive one. A full solid where it isn't needed doesn't just blow up solve time —it also multiplies the odds of numerical and meshing errors that a simpler model would never have let through. Tools like Creo Simulate or Creo Ansys Simulation build in three special stress states —plane stress, plane strain and axisymmetry— that let you exploit a part's symmetry and geometric proportions to solve on a surface what would otherwise demand a full volume.
Plane stress: thinness as a hypothesis
Plane stress applies when one of the three dimensions —the thickness— is significantly smaller than the other two, and the loads act exclusively within the part's main plane. Under that assumption, the normal and shear stresses in the thickness direction are taken as zero across the whole domain:
σz = τxz = τyz = 0
Fig. 1 — Plane stress: thickness h is negligible next to the in-plane dimensions, and all the load acts within that plane. σz, τxz and τyz vanish across the whole domain, but εz —the Poisson effect through the thickness— does not.
There's a common conceptual trap here: since there's no stress in z, it's tempting to assume there's no strain in z either. That's false. Through the Poisson effect, the material contracts or expands through the thickness even though σz is zero —strain εz exists, is non-zero, and depends directly on the in-plane stresses. What drops out of the system is a stress, not a movement.
It's the natural state of thin sheet metal, cladding panels, thin cylindrical gears, or something as everyday as a spanner, as long as the load stays within its own plane and there's no appreciable stress gradient through the thickness.
In Creo, setting a model to «2D Plane Stress» isn't just a label: the solver distributes loads per unit area or volume so that a two-dimensional surface reproduces the same behaviour the real sheet would show across its full thickness —and, by dropping the z-related rows and columns from the constitutive matrix [D], the problem shrinks by the same proportion.
Plane strain: the domain of the massive
Plane strain solves the opposite problem: bodies that are extremely long in one direction, with a constant cross-section and a load that doesn't vary along that length. Here what vanishes isn't a stress but a movement —the material is assumed to be so confined by the adjacent mass that strain in the longitudinal direction is zero:
εz = γxz = γyz = 0
Fig. 2 — Plane strain: a central slice stands in for the behaviour of the entire body, because the adjacent sections prevent any strain in the longitudinal z direction. In exchange, a non-zero stress σz appears.
And here's the exact mirror of the earlier trap: unlike plane stress, plane strain does have a non-zero normal stress σz. The material "wants" to strain longitudinally through the Poisson effect, but since it's prevented from doing so by the material surrounding it in that direction, that tendency turns into internal stress instead of displacement. Each state zeroes one quantity and frees the other —never both at once.
It's the natural simplification for concrete dams, tunnels, retaining walls, rolling mill rollers, or thick-walled cylinders such as the body of a massive hydraulic actuator. Modelling one metre of a ten-kilometre tunnel is enough to understand the structural behaviour of the entire structure —the sections on either side act as a constraint, not as part of the model.
One nuance worth keeping in mind: in a plane strain model, a load applied on a curve or edge of the 2D section physically represents an area load on the real surface that curve stands in for. Mixing up that equivalence —treating a line load as if it were a point load, or the reverse— is the most common way to introduce an order-of-magnitude error the software will never flag.
Axisymmetry: the power of radial symmetry
Of the three, axisymmetry is the most elegant simplification because it doesn't require the part to be thin or long: it requires it to revolve. It applies to any body generated by revolving a flat section around a central axis, as long as geometry, loads and constraints are all symmetric about that axis.
The software switches reference frame: instead of (x, y, z) it works in cylindrical coordinates (r, θ, z). Symmetry forces the tangential displacement to zero —v = 0— and means nothing, not geometry, not load, not result, depends on the angle θ. That's what lets the problem be solved on a single radial-axial plane instead of a full volume.
Fig. 3 — Axisymmetry: it's enough to define the 2D section on one side of the revolution axis (Y). The software reconstructs the solid by sweeping that face 360°; in cylindrical coordinates (r, θ, z), the tangential displacement v is always zero.
The computational advantage isn't marginal: it turns a massive volumetric problem into an area analysis on the r-z plane. That makes it possible to use extremely fine meshes in critical regions —the root of a thread, a fillet radius— that would be unworkable at the same density in a full 3D model.
It fits parts that look nothing alike: pressure vessels —cylindrical tanks with hemispherical heads, spherical tanks—, rotors, turbine shafts, flywheels, bushings, and bolted connections when the thread's helix angle is ignored.
In Creo, an axisymmetric model reduces the entire volume to a single flat face on the XY plane, with the Y axis as the axis of symmetry. The software mentally reconstructs the solid by sweeping that face 360° around the axis —without meshing a single element outside that plane.
A well-posed 2D model is often more accurate than a 3D model with a poor mesh.
How to choose between the three
The decision doesn't come down to preference —it comes down to three questions about the part's geometry and load path:
Plane stress. Is the thickness much smaller than the other two dimensions, with all the load acting inside that plane? The key variable is thickness, treated as a simple parameter.
Plane strain. Is the length much greater than the cross-section, with loads perpendicular to the long axis and constant along it? The key variable is a unit thickness for the slice that stands in for the whole part.
Axisymmetry. Is the part a solid of revolution, with geometry, loads and constraints symmetric about an axis? The key variables become radius and angle, not the three Cartesian coordinates.
Overusing these simplifications is a common source of error. The most frequent case: modelling a thin plate as plane stress when the real loads make it bend out of its own plane. In that scenario the assumption doesn't hold —what's needed is a shell element, which does capture bending and transverse shear, not a simplification built for purely membrane loading.
Why (and when) it's worth reducing 3D to 2D
Less memory, less solve time. A 2D model needs a fraction of the RAM and CPU time of its 3D equivalent —headroom that can go straight into far more ambitious optimisation or sensitivity studies.
Finer meshes where they matter. With far fewer elements overall, you can afford a much higher mesh density at stress concentrations or fillet radii without solve time exploding.
Less surface area for error. Fewer degrees of freedom, fewer boundary conditions to define, fewer chances to slip in a meshing or loading mistake that goes unnoticed.
What doesn't change with more compute power
In a future with practically unlimited compute thanks to the cloud, the reasonable question isn't whether 2D simplification will still be possible, but whether it'll still be necessary. And it's worth being precise here: the limit was never just raw compute power. A full 3D model still demands more of the engineer's time to build, mesh, debug and interpret, and it produces orders of magnitude more results to review. Reducing a problem from 3D to 2D isn't approximating the physics: it's recognising the physics the geometry was already handing you, and letting the software stop ignoring it. As long as the engineer's time stays the most expensive resource in the process —more so than any CPU core in the cloud— identifying the dominant physics and choosing the stress state that best represents it will stay part of the judgement call, not just the calculation.